Pasar varios días o semanas con muy poca actividad puede tener un impacto importante en una persona mayor. Después de una hospitalización, una caída, una enfermedad o un periodo prolongado en cama es frecuente que aparezcan debilidad, pérdida de equilibrio, dificultad para caminar y menor autonomía.
La inmovilidad no afecta únicamente a las piernas. También puede reducir la capacidad cardiovascular, empeorar la tolerancia al esfuerzo y hacer que actividades que antes eran sencillas —levantarse de una silla, ducharse o caminar por casa— se vuelvan difíciles.
Los estudios muestran que incluso periodos relativamente cortos de reposo en cama pueden producir pérdidas de fuerza y capacidad funcional en adultos mayores.
El problema suele empezar poco a poco
Muchas familias nos cuentan algo parecido: “antes caminaba solo y desde que estuvo ingresado necesita ayuda para todo”.
A veces no existe una nueva lesión concreta. Simplemente, durante el periodo de enfermedad o reposo, la persona ha perdido parte de la fuerza y capacidad física que necesitaba para desenvolverse.
Cuanto menos se mueve, más difícil resulta volver a moverse, creando un círculo de inactividad y pérdida de función.
¿Qué señales pueden aparecer?
Podemos encontrar situaciones como:
- Dificultad para levantarse de una silla.
- Marcha más lenta o insegura.
- Mayor necesidad de apoyo.
- Fatiga con recorridos cortos.
- Pérdida de fuerza en piernas.
- Miedo a caer.
- Dificultad para subir escalones.
- Mayor dependencia para las actividades cotidianas.
La baja movilidad durante hospitalizaciones se ha relacionado con un mayor riesgo de deterioro funcional posterior.
La recuperación no consiste únicamente en “hacer caminar”
Antes de comenzar valoramos qué puede hacer realmente la persona.
Analizamos transferencias, equilibrio, fuerza, marcha y tolerancia al esfuerzo. A partir de ahí establecemos objetivos progresivos.
En algunos pacientes el primer objetivo puede ser levantarse de la silla sin ayuda. En otros será volver a caminar por la calle o recuperar suficiente seguridad para vivir con mayor independencia.
Fuerza, equilibrio y marcha
El tratamiento suele combinar diferentes tipos de ejercicio.
Trabajamos especialmente la fuerza de miembros inferiores, porque acciones tan básicas como levantarse, caminar o subir un escalón requieren una capacidad muscular mínima.
También introducimos ejercicios de equilibrio, coordinación y marcha adaptados a las posibilidades de cada paciente.
Los programas de ejercicio supervisado pueden ayudar a mantener o mejorar la capacidad funcional en adultos mayores hospitalizados o con pérdida de movilidad.
Evitar el reposo innecesario
Cuando la situación médica lo permite, mantener cierta actividad suele ser preferible a permanecer en cama durante periodos prolongados.
No significa obligar a caminar a una persona que no está preparada, sino buscar el nivel de movimiento seguro que pueda realizar y progresar desde ahí.
La recuperación suele ser gradual: primero pequeñas tareas repetidas y, posteriormente, actividades cada vez más exigentes.
Recuperar autonomía es el verdadero objetivo
El objetivo final no es conseguir una cifra concreta de fuerza o caminar una determinada distancia en consulta.
Lo importante es que la persona vuelva a realizar el mayor número posible de actividades por sí misma: desplazarse por casa, levantarse, asearse, salir a caminar o recuperar actividades que formaban parte de su vida cotidiana.
Fisioterapia para personas mayores en Zaragoza
Si un familiar ha perdido movilidad después de una hospitalización, una enfermedad o un periodo prolongado de inactividad, en Benedicto Fisioterapia podemos realizar una valoración funcional y establecer un programa progresivo de recuperación.
Trabajamos fuerza, equilibrio, marcha y autonomía con el objetivo de ayudar a la persona mayor a recuperar la mayor independencia posible.

